La obra de Juan Soriano

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Consideraciones sobre la producción artística del artista jalisciense Juan Soriano. Homenaje a Juan Soriano-Universidad de Guadalajara
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   1 Redescubriendo La ola   de Juan Soriano Carmen V. Vidaurre Arenas Ilustrador y creador de Bestiarios , Juan Soriano mostraba una visible preferencia por los animales nocturnos (gatos y murciélagos) por las aves y los mamíferos, que figuran en sus obras en las dimensiones y morfologías más diversas; las aves vistas desde una perspectiva mitificadora, fabulosa, imaginativa, o simplemente con humor, en el territorio del albur y la picaresca mexicana. La presencia en sus obras de estos seres que prefieren la noche, poco tiene que ver con una visión decimonónica o decandentista. Los animales noctámbulos que Soriano retrata y recrea son vistos como compañeros cotidianos, vecinos suyos en el diario habitar del territorio de la noche. En ocasiones no escapan al misterio y se impregnan de un simbolismo onírico que denuncia una fascinación, que puede surgir lo mismo de una mirada que se identifica con lo representado; o expresar temor y admiración por seres que se perciben como siempre ajenos, distantes, a pesar de la cercanía y del contexto común en el que se les ubica; ya se trate de una silla del taller del pintor o del ojo del tronco de un árbol totémico, salido del sueño nocturno, que se despierta en la superficie de una obra plástica para conducirnos a un sueño diurno, en el que la noche es verde, como en los versos del poema de García Lorca. Felinos menores y mayores vienen de su trazo a una escena-esbozo casi infantil. Sus aves participan lo mismo de la representación esmeradamente verista que del geometrismo, del expresionismo figurativo o del abstracto. En ocasiones el significado de las aves se liga a lo simbólico en las obras de Soriano, pero se trata de un simbolismo de muy diversa naturaleza. Esto se comprueba, por ejemplo, cuando la madre es representada como una mujer-ave que refiere indirectamente a la obra de Max Ernst, o cuando el ave se carga de un sentido erótico que ya no deriva hacia el albur o la broma, frecuente en los dibujos de Soriano, sino que deviene hacia la metáfora visual que abreva en las fuentes del inconsciente y de la tradición pictórica que ilustra una anécdota mitológica protagonizada por Leda y un dios seductor transformado en cisne. Como muchos otros artistas que se sumergieron, breve o largamente, en el imaginario surrealista, Soriano también concede un lugar importante a los   2 caballos, que exponen en sus obras una simbología psicoanalítica, en ocasiones en forma por demás evidente, ya se trate de caballos severamente heridos, o de caballos veloces tras las rejas. Los caballos de Soriano, liberados o en reposo, se recortan en un fondo generalmente neutro, que los destaca y los aísla ; salvo cuando interactúan con un joven, como ocurre en “Lucero mi caballo” o en “El guerrero y su caballo” , donde la relación entre ambos protagonistas se torna ilustrativa de un contenido freudiano que no se oculta, ni disimula. De contexto cultural surrealista con el que Soriano entró en contacto a través de Contemporáneos, pero también a través de otros vínculos más directos, provienen otras imágenes onírico simbólicas o mítico simbólicas, presentes en sus dibujos, como las que se encuentran en las serie sobre sirenas, y en los trabajos sobre serpientes y medusas. La presencia de los toros en su producción, en cambio, denuncia una tradición de vertientes distintas, aunque igualmente proveniente de las artes plásticas antiguas, pues los toros obsesionaron por igual a Picasso y a Romero de Torres, pero mucho antes fascinaron a Goya, y en la prehistoria: a los artistas rupestres. Lo mismo que ocurre con sus toros, ocurre con su “R inoceronte ” . Pero si bien, en ciertas ocasiones las vertientes antiguas que alimentan las obras de Soriano se filtran a través del homenaje, en otras ocasiones se encuentran con corrientes humorísticas que las recuperan y presentan con ironía y humor, en una circunstancia novedosa; además, siempre son vistas a través de una mirada que sintetiza lo observado, que condensa las imágenes, en un reducido número de líneas. De pronto se destaca en alguna de sus obras la influencia de un autor mucho más cercano a él en el tiempo y el espacio, como Tamayo; sin embargo, Soriano no permanece fiel a una presencia ajena, por cercana que parezca, se mantiene fiel sólo a sí mismo, quizá por ello los historiadores del arte no aciertan si considerarlo dentro de la denominada “ transvanguardia ”  o dentro de una figuratividad onirista. Sus bestiarios participan también de la tradición de las antiguas  Artes  Amatorias  ilustradas, sus animales forman parte de escenas eróticas con seres humanos, y tales parafilias ilustradas no son presentadas desde una perspectiva de censura o de exaltación; sino vistas con humor, como ocurre en   3 los trabajos titulado s “ Soldado con caimana ”, “ Mujer con peces ” , “ Mujer con toro ”   y “El pollito” . En los bestiarios de Soriano lo literario tiene mucho que ver, no sólo porque Soriano ilustró el Bestiario de Apollinaire y la antología de escritos de  Alfoso Reyes reunida bajo el título de  Animalia ; sino porque sus seres híbridos, zoo-antropomorfos provienen a veces de diversas obras literarias, de piezas de teatro, como el guión escrito por Federico García Lorca,  Así pasen cinco años, creado por el poeta granadino en la Habana, también ilustrado por el propio Lorca, prohibido por el franquismo e interpretado musicalmente por Enrique Morente. Lorca y Soriano coinciden en algunos puntos en sus ilustraciones, como coincidirán también en otros puntos de su estética y su perspectiva vital. La relación literatura-gráfica es intensa en Soriano, quien ilustra obras de Octavio Paz, entre otras la semblanza hecha al más destacado de los poetas del grupo de los Contemporáneos,  Xavier Villaurrutia en persona y en obra , libro publicado en 1977, editado con ilustraciones que incluían, además del trabajo de Juan Soriano, trabajos de José Moreno Villa, Agustín Lazo, Carlos Orozco Romero, Gabriel García Maroto y del mismo Villaurrutia, discípulo a distancia de Jean Cocteau, tanto en lo literario como en su gráfica, discípulo de Cocteau como el propio Soriano. Juan Soriano también realizó una serie de serigrafías para las Instantáneas  de Octavio Paz, que fueron publicadas por los  Amigos del Museo de Arte Moderno, en 1993. En el 2003 aparece una edición en italiano de  Águila o sol   de Octavio Paz, publicada en Trento, también ilustrada por Soriano. Soriano ilustro asimismo La Fuerza del Destino  de Julieta Campos, editada por Alfaguara, ese mismo año (2003). Tiempo atrás, Soriano había ilustrado el libro Homenaje a Sor Juana,  publicado por Juan José Arreola en la célebre colecc ión “Los Presentes”' . Los puntos de encuentro, de estrecha vinculación entre literatura y gráfica también se producen en Juan Soriano porque sus bestiarios tienen afinidades y coincidencias electivas con los bestiarios humorístico-filosóficos y los aforismos de escritores como Augusto Monterroso y Edward Lear, y como ocurre con estos autores, en su trabajo domina el aspecto lúdico, despreocupado y libre de la actividad creativa. Otro paralelo interesante podría establecerse entre la gráfica de Soriano y diversas obras gráficas realizadas por Leonora Carrington.   4  Amigo enigma  es otro ejemplo de la estrecha vinculación que se produce entre literatura y plástica respecto a la obra de Juan Soriano, libro del poeta y músico cubano Orlando González Esteva, donde poemas, prosas y recuerdos se entrelazan con los dibujos de Soriano. Literatura y gráfica se alternan e integran claramente en esta obra, no en vano Elena Poniatowska ha señalado que González Esteva escribe como Soriano pinta. El destacado escritor y editor Alberto Ruy Sánchez nos ofrece un más amplio testimonio de las modalidades que la relación literatura-gráfica ha tenido en la producción de Juan Soriano: Es evidente que si bien muchos de sus grabados, serigrafías, aguafuertes […] tienen como pretexto, o más bien dicho como preimagen, una narración precisa, sus imágenes nunca son llanas ilustraciones de esos textos previos o simultáneos. Son imágenes de una fidelidad infinita al horizonte Soriano que las crea. Y sin embargo penetran como bisturí en el mundo narrativo que las acompaña. Se dejan impregnar con desenvoltura de la mejor de esas otras existencias previas. Con sensualidad se bañan en esas fuentes, no las ilustran.  Así lo hizo con el universo rulfiano de manera ejemplar (Ver "Juan Soriano en Comala", en la carpeta Cinco lecturas del mundo de Juan Rulfo ). Así también, por ejemplo, sucede tanto en sus trabajos para el poema dramático Ifigenia Cruel   de  Alfonso Reyes, ilustrada al buril en los años sesenta, como en su  Animalia , del mismo autor, ilustrada con dibujos tres décadas después. En los primeros la línea teatral se desliza veloz dando más importancia a la tensión dramática de la escena que a los contornos formales de los cuerpos en el escenario. En los segundos las formas animales son privilegiadas sobre cualquier historia, como llevando más a fondo la línea de Ifigenia Cruel   para hacer que forma, misterio y destino vayan juntos. 1   Se debe añadir, aunque desde una perspectiva distinta, al conjunto de testimonios de la importancia que la literatura tendría en la vida y la obra de Soriano, la participación de Soriano en el proyecto llamado Poesía en voz alta , que se desarrolló en 1956 en el seno universitario, experiencia, que, de acuerdo con la opinión de destacados críticos, creó el verdadero movimiento de teatro universitario, y en el que se involucraron, entre otros, los escritores Juan José Arreola, Octavio Paz, León Felipe; los artistas visuales y plásticos Leonora Carrington y Héctor Xavier; actores y actrices como Nancy Cárdenas, Rosenda Monteros, Juan José Gurrola, Enrique Stoppen, Ofelia Guilmain y Pina Pellicer. Aunque este proyecto estaba más vinculado al teatro que a la literatura, contó con la simpatía de Juan García Ponce, José Luis Martínez y Carlos Fuentes. 1    Alberto Ruy Sánchez: “Juan Soriano y su espiral gráfica”, viernes 18 de a gosto de 2000, texto incluido en el catálogo que acompaña la exposición Juan Soriano. Obra gráfica 1944-2000.     5 De hecho, teatro y literatura fueron dos pasiones paralelas para Soriano, quien realizó la ambientación para las lecturas de Ventura Allende  y El Encanto , de Elena Garro. No sólo se encargó del diseño de escenografías y vestuarios para obras de Ionesco, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo; también hizo dirección escénica, individual y en colaboración, en obras como  Asesinato en la Catedral   de T. S. Eliot; Las Criadas, de Jean Genet, y Electra  de Sófocles, trabajos de los que derivaron dibujos y bocetos que darían lugar, en algunos casos, a la obras más elaboradas. Algunos de los bocetos que Soriano hizo para esas obras fueron vendidos en 1977 en la Galería Juan Martín y reproducidos en el libro Juan Soriano, el poeta pintor  2  . Sus dibujos y viñetas derivadas del Libro del Buen Amor constituyen una recreación contemporánea, una verdadera nueva lectura, de la obra española. Su carpeta de 32 serigrafías para el texto de Sergio Pitol, El único argumento  (Ediciones Multiarte 1980), no son simples ilustraciones de un texto literario, como tampoco lo son las numerosas viñetas y dibujos derivados del estudio para montaje de esa obra, que constituyen una especie de novela gráfica paralela al texto literario, en la que el artista visual ofrece su propia perspectiva y opinión de las cosas, las acciones y los personajes. Podremos observar que aunque actualmente es mucho más conocido como escultor, Juan Soriano es autor de una importante obra gráfica. En sus óleos diversos movimientos de vanguardia se entremezclan, es el caso, por ejemplo, de su retrato de Rebeca Uribe , en el que el detalle del ojo alude al surrealismo mientras los rasgos del personaje refieren a propuestas afines a las de la escuela mexicana de pintura. Otras de sus obras, sobre todo algunos de sus retratos, como el de Lola  Álvarez Bravo y el de María Asúnsolo, pero también algunas de sus escenas, guardan puntos de relación estrecha con la corriente modernista, con las obras de Julio Romero de Torres; entre esas escenas se encuentra una de las versiones que Soriano hiciera de un tema pintado tempranamente, La niña muerta,  y que se hermana con la obra del pintor español muchas veces calificado como costumbrista pero iniciador de la primera vanguardia del siglo XX, me refiero a la obra de Romero de Torres titulada Mira que bonita era. Los desnudos de ambos pintores, el tapatío y el español, aunque uno de ellos 2   Juan Soriano. El poeta pintor, México, CONACULTA-Pinacoteca 2000.
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